
Mi historia
Durante años fui solo una imagen en una pantalla, un avatar más entre streams, redes y noches sin dormir. Mientras otros buscaban números, yo buscaba algo más simple y más difícil: sentir. Siempre me gustaron los mapaches. Su caos inteligente, su forma de sobrevivir al mundo sin pedir permiso, de ensuciarse las manos y seguir adelante. En ellos me vi reflejado. Pero dentro de mí siempre hubo otra presencia: un león. No por la fuerza, sino por el orgullo, la presencia, la voluntad de mantenerse firme. No desperté por magia ni por un evento extraordinario. Desperté el día que entendí que podía ser ambas cosas. Soy mapache: curioso, ingenioso, imperfecto. Soy león: protector, decidido, alguien que no huye cuando toca rugir. Entre cafés fríos, música de fondo y madrugadas largas, aprendí que no tengo que encajar en una sola forma. Puedo ser tranquilo y aun así imponer respeto. Puedo ser cálido sin dejar de ser fuerte. No nací para ser perfecto. Nací para ser real. Y si esta imagen existe, si este nombre resuena, es porque representa lo que soy por dentro: alguien que ama lo que es, que protege a los suyos y que no piensa agachar la cabeza ante el mundo.













